El Espejo Semanal
Ascensos en el escalafón de la modestia
La humildad alcanza
rango imperial
El Instituto de Elevación Personal distingue a su fundador por haber superado el ego. La ceremonia exige tratamiento de excelencia y ocho metros de terciopelo.
Abdicación con honores
El fundador compareció vestido de lino sin insignias. Había pedido sencillez, y el departamento de protocolo la resolvió con dos asistentes, una escalinata y ocho metros de terciopelo púrpura. El retrato de cuatro metros se conservó por razones de orientación: permitía saber hacia quién debía dirigirse la modestia.
En su discurso anunció que había dejado atrás la necesidad de reconocimiento. La frase obtuvo una ovación que debió repetirse porque la primera toma no recogía bien el silencio interior del homenajeado.
La investidura lo faculta para presidir todas las ceremonias de renuncia y ocupar un asiento permanente en el Consejo del Desapego. El cargo es vitalicio. Preguntado por la aparente dificultad, el portavoz explicó que desprenderse de todo exige continuidad administrativa.
El ego presentó su renuncia. Se le aceptó como ascenso.
Ocho opiniones independientes de la realidad
La independencia del consejo quedó garantizada desde su integración: ninguno de sus ocho miembros representa intereses ajenos. Cada uno comparece exclusivamente en nombre propio y dispone de un espejo individual para evitar la contaminación de perspectivas.
El primer acuerdo consistió en declarar que el desacuerdo suele proceder de un nivel inferior de conciencia. El segundo estableció que toda impugnación del primer acuerdo confirmaría su pertinencia. Ambos se aprobaron sin debate, procedimiento que el secretario describió como «convergencia espontánea de ocho lucideces».
La silla de la cabecera estaba reservada a la realidad. Se le reconoció voz, aunque su micrófono permaneció apagado para impedir que una incidencia material alterara el clima de apertura. Al cierre, el acta registró que no hubo objeciones.
La realidad fue escuchada en los términos de su ausencia.
El reglamento de las excepciones
El reglamento general consta de doce páginas. Su régimen de excepciones ocupa setecientas cuarenta y dos, más un suplemento para circunstancias que el fundador considera imposibles de explicar a quien no haya recorrido su camino.
La doctrina distingue cuidadosamente entre la vanidad ordinaria y la necesidad legítima de hacer visible una conciencia excepcional. Ambas conductas se ejecutan de manera idéntica. La diferencia queda asentada en una declaración del interesado, validada por su propia firma.
La auditoría interna informa un 97.4 por ciento de coherencia. El resto corresponde a «situaciones en las que el instrumento aún no comprende al sujeto». Para el próximo ejercicio se prevé capacitar al instrumento.
Del Gabinete
Narcissus exemptus
Variedad que florece en marcos dorados. Vuelve la corola hacia la fuente de aprobación y llama oscuridad a cualquier sombra que no le favorezca. Tolera la poda siempre que se practique en otro ejemplar.
La norma era universal. El sujeto, un caso aparte.
Una salida de tamaño ordinario
El visitante permaneció veintitrés minutos frente al espejo mayor. Desde allí podía contemplarse entero, aunque para distinguir su cara tenía que acercarse tanto que perdía de vista el edificio construido para alojarla.
El guía explicó que la escala expresaba la magnitud del trabajo interior. Nadie preguntó cuántas personas habían cargado el marco, cuántas limpiaban el vidrio ni a qué hora terminaban. Esos datos figuraban en otro departamento.
A la derecha permanecía abierta una puerta de uso común. Daba a un patio donde una persona esperaba ayuda para mover una mesa. El visitante la vio, consultó una vez más su reflejo y pidió al guía que le repitiera la explicación.
La puerta daba al otro. No entró en el recorrido.
El desapego se recoge al día siguiente
A las seis con veinte, el salón había recuperado su función de superficie. La cola púrpura estaba en el suelo y los gafetes habían perdido la única diferencia que justificaba imprimirlos: todos decían quién era alguien cuando había alguien mirando.
El retrato se colocó de cara a la pared para protegerlo durante la limpieza. Fue la primera vez que el fundador, en cualquiera de sus formatos, pasó una mañana sin audiencia. No se reportaron daños.
El acta de clausura registra que los asistentes abandonaron el recinto «profundamente transformados». La hoja de servicio registra dos horas adicionales de intendencia. No existe un documento que permita saber quién autorizó que la transformación de unos prolongara la jornada de otros.
El último en soltar el ego dejó dicho que alguien lo guardara.
El privilegio de haberlo entendido
Esta redacción terminó la presente edición satisfecha de su capacidad para reconocer el narcisismo. La satisfacción fue unánime. Nadie consideró necesario someterla a revisión porque ya habíamos escrito cinco piezas sobre el asunto.
Es una comodidad particular: aprender el nombre de una trampa y tomar ese aprendizaje por una salida. El vocabulario ofrece una protección excelente. Uno puede llamar «ego» al orgullo ajeno, «proceso» al propio y «resistencia» a la persona que señala la diferencia. Al final de la conversación conserva las tres cosas: el orgullo, el vocabulario y la razón.
La lucidez también admite ceremonial. Tiene sus autores, sus contraseñas, sus silencios bien colocados. Incluso puede adquirir el gusto austero de quien desprecia los aplausos vulgares y aguarda, con mayor paciencia, el reconocimiento de los entendidos. En esta casa sabemos esperar.
El examen menos prestigioso ocurre después: una corrección aceptada sin castigar a quien la hizo; un favor que nadie tendrá que agradecer en público; una disculpa que no solicita, en la misma frase, la absolución del interlocutor. No producen un retrato digno del salón. Dejan sitio para que entre otra persona.
Habíamos confundido ver la trampa con quedar fuera de ella.
que solicitó una ampliación de esta última frase
Avisos de la Redacción
Se reciben renuncias al protagonismo
Deberán acompañarse de semblanza, retrato en alta resolución y una propuesta de ubicación preferente. Las solicitudes anónimas no podrán contabilizarse como actos de humildad por carecer de beneficiario acreditado.
La próxima cita con el cristal
Siguiente emisión catorcenal: . Conservamos «Semanal» en la cabecera. El nombre ya hizo bastante con sobrevivir a nuestras intenciones.